sábado, 19 de febrero de 2011

EL GRAN AMOR DE MI VIDA


EL GRAN AMOR DE MI VIDA; CRISTO Y SU CORAZÓN AMÁNDOME.

Jesucristo, el gran incendiador, dejó en la Eucaristía el signo y la fuente copiosa del amor, como lo interpretaba el Padre y Doctor de la Iglesia San Juan Crisóstomo: De esta mesa divina brota una fuente de fuego. Mana sangre viva, sangre que es causa de vida: la fuente de la sangre de Cristo, el cáliz venerado.

Quien se acerca a Jesucristo, lo come y se lo mete dentro de sus propias entrañas, por fuerza arde, se abrasa, se consume, y se convierte en incendiador como el mismo Jesucristo
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Nuestro mundo necesita amadores de Jesucristo que ardan como arde Jesucristo. Sólo de esta manera amará el mundo y acabará el frío de las almas. Amar a Jesucristo y hacerlo amar, es el mayor servicio que prestamos a la humanidad doliente y necesitada de alegría.

Jesucristo dijo que se abrasaba, que no se podía aguantar más hasta que viese arder toda la tierra. Y el Espíritu que nos manda en Pentecostés viene encerrado en lenguas de fuego. Con la luz de la fe, nosotros entendemos las palabras y desciframos los signos. Por eso, como Pablo (2Corintio 5,14), queremos que el amor de Jesucristo no nos deje parar... Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.
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 Contemplando el amor de Jesús, manifestado en su Corazón traspasado, El nos hace capaces del amor divino. ¡Quiere divinizarnos con su amor
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