martes, 18 de septiembre de 2012

MIRADA DE AMOR.



La mirada de Jesús debía ser impresionante. En el evangelio encontramos algunos destellos de estos
Divinos y  maravillosos ojos.
Si los ojos son el reflejo del alma, a través de ellos podremos llegar a conocer los «sentimientos de Cristo Jesús»  para interiorizarlos y hacerlos propios. Y todos necesitamos ese cruce de miradas  pues en la mirada de Cristo se percibe la profundidad de un amor eterno e infinito que toca las raíces más profundas del ser.
Es, por ejemplo, el caso del joven rico.

 Le debemos a

 Marcos esta pincelada: «Entonces Jesús le miró con

cariño». Captaron sus ojos la fuerza de su amor. Parece

 imposible que aquel joven se le escapara a Jesús. Lo más

 probable es que el joven habría cerrado antes sus ojos.

                                                                                 

 Seguramente que las miradas de Jesús y de Pedro se cruzaron muchas veces.Recordemos su primera mirada,lo dejó todo para seguir al MAESTRO. Pero hay una del todo particular, porque es la última y en una situación límite; la transmite sólo el evangelio de san Lucas. Pedro acababa de negar y renegar de Jesús... «En aquel momento, estando aún hablando, cantó un gallo, y el Señor se volvió y miró a Pedro, y recordó Pedro las palabras del Señor... Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente»

 Destaquemos, en fin,  dos últimas miradas. La mirada más generosa y entregada que conocemos: Cuando vio Jesús a su Madre y al discípulo a quien él amaba, dijo a su Madre: "Madre, he ahí a tu hijo". Después dijo al discípulo: "He ahí a tu Madre". (Jn 19, 26-27). ¡Cuánto salimos ganando después de esta  mirada!


 La mirada de Dios es mirada amorosa, de protección y Compañía, atenta a la vida concreta del hombre. No estamos solos, ¡nunca estamos solos!, Dios nos mira y nos acompaña.
 Aunque se experimenten multitud, de decepciones,  de persecuciones, y uno esté solo tantas veces, sin la experiencia humana de sentirse arropado o comprendido por alguien, Dios está, Dios nos mira, Dios acompaña en la misión, Dios va rompiendo la soledad del hombre. Dios nos mira siempre con amor acompañándonos. Dios no se desentiende del hombre: 
“Está”, “Es el que es”, “Es el que está con nosotros”.


Recuerdo cuando los dos nos miramos, serian las seis de tarde, me miro, me amó.
Trasformó todo mi ser, y desde aquel momento mi vida y la suya
, han quedado fundidas para toda la eternidad.


¡ JESÚS TE MIRA Y TE AMA.! 

¡ALABADO SEA JESUCRISTO!
                                                                               
                                            
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