lunes, 7 de enero de 2013

YO, NO CUENTO PARA NADA


¡Que importa si he de beber un amargo cáliz y si mi
Corazón hasta la muerte triste está! Puesto que eres
Tú, Jesús, quien quiere el sacrificio, yo no tengo que
Contar.

Tanto, Jesús mío, si dejas caer tu velo y me muestras
Tu belleza y en tus brazos he de sentirme estrechar
O bien del Cielo oscurecido cada estrella me quieres
Ocultar; ¡qué me importa si yo no tengo que contar!

Dame, Jesús, tu paz o tu tormenta, corona mis esfuerzos,
O no me apoyes más bajo el peso del dolor, ya se
Incline mi cabeza; qué me importa, si yo no tengo
Que contar!

Tanto si siembro el amor o si recojo la envidia o si
La ingratitud mis pasos han de acompañar, mi vida sólo
Por Ti Jesús ¡haz que discurra! Puesto que yo no tengo
Que contar.

Si mi corazón lo hieren, incluso los que amo; ¡que importa,
Jesús, puesto que Tú, si, me amarás! Y si el bien que
Yo haga en duda han de ponerlo; ¡que me importa si
Yo no tengo que contar!

Si trabajo incesante, Tú quieres que te honre, o bien
En la impotencia yo he de languidecer, ¡que importa, Jesús,
Tú lo quieres!, ¡ yo te adoro! Y si es tu voluntad, yo no
Tengo que contar.

Si yo tengo que acabar por subir hasta el calvario, y si
Incluso el Cireneo, junto a mis pasos, no está. ¡Que
Importa Jesús! Tu  mi miseria verás, más yo no tengo
Que contar.

¡Que importa mi placer, alegría o sufrimiento!
Sólo Jesús a mi corazón debe importar.
Solo a Él reconocimiento. Amor. Honor y Gloria;
Pues yo no tengo que contar.

Oración que rezaba siempre el Rey Balduino de Bélgica.
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