sábado, 20 de mayo de 2017

¡MADRE MÍA! ALEGRÍA Y DULZURA DE MI VIDA.


Miremos dentro de nosotros mismos: ¿Acaso no es verdad que cada vez que nos hemos ofrecido con toda el alma a la Inmaculada, Madre de Dios y Madre nuestra, ha entrado siempre la paz en nuestro corazón?...

Quien no lo haya experimentado todavía, que pruebe, que lo vea, que se dé cuenta personalmente: ¡comprobará lo potente y lo buena que es la Madre de Dios y Madre nuestra!

                                                             (San Maximiliano Kolbe)

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