viernes, 19 de octubre de 2018

EL SANTO DEL SILENCIO


La misión de San José fue única: salvar al Salvador, enseñar a hablar al que es la Palabra; a caminar a quien es el Camino; a amar a quien es el Amor... No hubo otro más grande. 

Oh san José, cuya protección es tan grande, tan fuerte y tan inmediata ante el trono de Dios, a ti confío todas mis intenciones y deseos.

Ayúdame, san José, con tu poderosa intercesión, a obtener todas las bendiciones espirituales por intercesión de tu Hijo adoptivo, Jesucristo Nuestro Señor, de modo que, al confiarme, aquí en la tierra, a tu poder celestial, Te tribute mi agradecimiento y homenaje.

Oh san José, yo nunca me canso de contemplarte con Jesús adormecido en tus brazos. No me atrevo a acercarme cuando Él descansa junto a tu corazón. Abrázale en mi nombre, besa por mí su delicado rostro y pídele que me devuelva ese beso cuando yo exhale mi último suspiro.




    ¡San José, patrono de las almas que parten, ruega por mi! Amén. 
                                                      

                                                       


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